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La Reina del Azúcar

Antes de empezar a reseñar este libro, quiero darle las gracias a su autora. Allá donde esté y si algún día lee estas palabras: GRACIAS. Gracias, Dolores García Ruiz, por existir y gracias por haber construido una de las historias más bonitas que he leído nunca.

la reina del azucarCuando llegó a mis manos La Reina del Azúcar, acababa de leer La Canción de los Maoríes y
tenía el listón tan alto que pensé que ninguna otra novela que leyese recientemente iba a superarlo. ¡Cuánto me equivocaba pensando eso! Por suerte, llegó Inés Belmonte conquistando mi corazoncito literario.

Sinopsis: El cuaderno que contiene las memorias de Inés Belmonte aparece de forma misteriosa entre los papeles entre documentos confidenciales de un archivo militar en Melilla. El juez Prieto abre una investigación, mientras el comandante Fonseca, fascinado por el contenido de los recuerdos de esta mujer, tiene una misión: encontrar en el archivo de la Comandancia el original del Tratado de límites, y evitar una guerra entre España y Marruecos.

Inés, más conocida en su ciudad como La Reina del azúcar, relata en sus memorias la historia más bonita jamás contada: la historia de su vida. Para ello, nos lleva desde París a la Melilla de comienzos del siglo XX, una Melilla exótica y cosmopolita atrapada en las guerras del Rif, pasando por una historia de amor de las que dejan huella.

Si tuviera que destacar algo de esta novela necesitaría 564 páginas, que son las que ocupa, porque todo, absolutamente todo me parece destacable. La delicadeza con la que trata la historia de amor entre Inés y Eduardo, la destreza a la hora de describir un contexto histórico tan complejo y la sutileza y perfección con la que acaba enlazando a todos los personajes me genera una profunda admiración.

Y alguna lagrimilla.

Pienso en la vida de Inés y todavía se me pone la piel de gallina.

Ojalá hubiera existido alguna vez alguien como ella, y ojalá estuviese viva. Le haría tantas preguntas.

“-Ya estoy curtida en dar sin recibir -respondí y Vidal apartó la mirada-. Pero aún conozco algo que duele más que no recibir gratitud… o afecto.

-¿Qué puede doler más? -Me miró con ojos entornados de extrañeza e interés.

Le respondí sosteniéndole la mirada:

-Que se pudran los cariños en el pecho”.

“Una guerra se empieza a perder cuando ya se da por ganada”.

¿Cuánto puede durar un beso? Aquel en el que Eduardo me dio todo su ser, entre sábanas tendidas que se agitaban empeñadas en envolvernos, aún hoy no ha terminado”

 

Tenía tantas ganas de terminarlo para saber el final, y me ha gustado tanto, que ahora estoy llena de pena por haberlo acabado. Quiero más. :____)

Sin duda, cuando pase un tiempo, volveré a leerlo.

Valoración: 10/10

La canción de los maoríes

la canción de los maoríesLa Canción de los Maoríes, de Sarah Lark, es la segunda parte de la trilogía de Nueva Zelanda de esta brillante escritora alemana residente en Almería.

Cuando terminé de leer En el País de la nube blanca supe que tenía que leer el siguiente. La historia de las señoritas Helen y Gwyn me había cautivado por completo y tenía la suprema necesidad de conocer cómo continuaban sus vidas.

Y, como ya suponía, la segunda novela no me defraudó. Esta vez se centra en las historias de Kura Marotrini y Elaine, dos de las nietecitas de las anteriores protagonistas. Unas vidas intensas y llenas de magia que cautivan a cualquiera desde el minuto uno. Adoro esa clase de novelas en las que no puedes parar de leer porque necesitas saber qué va a pasar, ésta es una de ellas. Y, si además vienen cargadas de emociones y envueltas en valiosa información sobre culturas lejanas y desconocidas, mejor que mejor.

Algunos de los personajes que aparecen en la trilogía existieron en realidad, entre ellos el gran amor de Gwyn, James McKenzie, que fue el Robin Hood de Nueva Zelanda. Podéis encontrar aquí más información sobre el personaje real: https://en.m.wikipedia.org/wiki/James_Mckenzie_(outlaw)

A algunos otros se les ha cambiado el nombre y sus características, y otros (la mayoría) son completamente ficticios.

Otro de los acontecimientos que marcan un antes y un después en la historia de este libro también sucedió, desgraciadamente, en la realidad. Hablo de la tragedia de las minas Brunner, que se llevó la vida de 65 mineros en 1896, como bien señala y refleja Lark en su novela. Haciendo llegar al lector el miedo, el desgarro, el dolor y la crudeza de aquellos días.

Tengo que decir que desde el minuto uno empecé a sentir debilidad por el personaje de Elaine, sin duda mi favorito. La ternura, la inocencia y la fuerza de una niña a la que la vida separa de su familia obligándola a crecer de repente.

La otra protagonista, Kura, es mucho más altiva y orgullosa, descrita como la diosa de todas las diosas y con tanto hombre a sus pies no ha conseguido ganarse mi corazoncito, aunque confieso que, conforme avanza la novela, he ido cogiéndole un poco más de cariño.

En definitiva, si ya has leído En el país de la nube blanca y, al igual que a mí, te encantó, no sé a qué esperas para leer La canción de los maoríes, volverás a enamorarte de Nueva Zelanda.

 

Valoración: 7,5/10

En el PAÍS de la NUBE BLANCA

Las navidades trajeron consigo esta maravillosa novela de Sarah Lark que ha conseguido transportarme a una Nueva Zelanda del siglo XXI llena de magia y emociones bonitas.

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Aunque posteriormente he leído muy  buenas críticas sobre ella, no tenía noción de su existencia cuando llegó a mis manos. En cualquier caso, es uno de los libros más bonitos que he leído últimamente. Hasta el punto de haberme sacado de un rinconcito oscuro de pereza literaria en el que me hallaba desde hacía unos meses.

Dicho de otro modo, 756 páginas leídas en 6 días aproximadamente. No puedo decir nada malo de ella, cabe destacar que es una trilogía (En el PAÍS de la NUBE BLANCA, La CANCIÓN de los MAORÍES y El GRITO de la TIERRA), aunque cada una de las novelas tiene su principio y su final. En cuanto las haya leído os comentaré las demás.

Se trata básicamente de una saga familiar que comienza con dos jovencitas londinenses en 1852; Gwyneira, de origen noble y Helen, proveniente de una vida mucho más humilde e institutriz de profesión.

Ambas toman rumbo a Nueva Zelanda en el Dublin y en los tres meses que dura el viaje logran forjar una amistad que conservarán el resto de sus vidas.

Gwyneira se ha prometido al hijo de un magnate de lana (al que no conoce) en una partida de cartas entre su padre y su futuro suegro. Helen, por su parte, tampoco conoce al que será su marido, sólo sabe que ha respondido a la solicitud de matrimonio de un granjero que vive al otro lado del mundo.

Poco tiempo después descubren que ambas familias se hayan enfrentadas por cuestiones del pasado que todavía desconocen y durante algún tiempo han de continuar su amistad prácticamente en secreto.

En esa nueva tierra aprenden a crecer y a sobrevivir a sus emociones, buscan el amor y la felicidad lejos del lugar que las vio nacer y a ratitos parecen encontrarlo, pero la vida no es un camino sencillo.

Es maravilloso crecer junto a ellas y conocer un lugar precioso del que tenía una noción más bien escasa. Aprender historia y geografía y viajar gratis. ¿Se puede pedir algo más? 

Supongo que los buenos libros no tienen una explicación rápida de por qué son buenos, están simplemente llenos de una magia que te atrapa desde el minuto uno y te introduce en un mundo que en nada se parece al tuyo. Si tengo que elegir un motivo de por qué me ha gustado tanto esta primera novela que leo de Sarah Lark, diría que ha logrado con creces desprenderme de mí misma durante las horas que permanecía leyendo. Desprenderme de mí misma encontrándome al mismo tiempo en pequeños instantes de las dos protagonistas.

Valoración: 8/10

 

 

La insoportable levedad del ser

Esta novela de pincelada filosófica llegó a mis manitas hace también ya algunos años. La recibí con los brazos abiertos porque un amigo me habló muy bien de ella (uno de estos amigos que no suele fallar en sus recomendaciones literarias) y comencé a leerla sin saber que acabaría siendo ella la que me leería a mí.

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Milan Kundera, su autor, es un escritor checo que insiste en negar la clasificación de su obra en un ámbito estrictamente filosófico; para él va mucho más allá de la esencia existencial de sus personajes.

La historia se sitúa en la Praga de los años 60, entorno a la existencia y pensamientos de Tomás, sin dejar a un lado la complejidad del amor, cuyo concepto adaptado a la vida diaria nunca llega a quedar claro en la mente del protagonista.

En la novela, aparecen situaciones muy cotidianas en las que se profundiza especialmente, como la sexualidad, la traición o la amistad y queda perfectamente registrado el marco histórico y político que el autor quiere destacar en repetidas ocasiones a lo largo de las páginas: el comunismo en Europa y la Guerra Fría. Por lo que este libro, además, puede ser notablemente considerado una buena guía para estudiar y comprender la historia de aquellos años.

En lo que respecta a sus personajes, los principales son cuatro: Tomás, Teresa, Sabina y Franz. Aunque tengo que destacar que mi favorito es uno de los secundarios: Karenin, del que ahora os hablaré un poquito.

Tomás es, como ya hemos dicho, el personaje protagonista. Se describe en la novela como un enamorado de su esposa desde el día que la conoce, hablando del amor puro en el más estricto sentido, un amor que no había conocido antes, pero incapaz de evitar serle infiel con otras mujeres. Teresa, su esposa, sufre por ello, pero acaba aceptando su realidad resignada por miedo a perderle. Por otro lado, Sabina es amante de Tomás y entiende la vida y la infidelidad de un modo ligero e insignificante, para ella no es algo importante. Y, por último, Franz es, a su vez, uno de los amantes de Sabina.

Pero mi personaje favorito es Karenin, la perrita de Tomás y Teresa. Es mi favorito porque es el punto de unión entre ambos, la conexión que les falta en otras situaciones de la vida, el entendimiento puro, el amor. Se ve muy bien reflejada en esta mascota la necesidad del uno para el otro, un personaje neutro al que cogí cariño antes incluso de ser presentado en la novela.

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(imagen: https://contempolit.wordpress.com/2015/03/18/hola-mundo/)

Tengo que decir de este libro que no es nada sencillo y que en ocasiones puede parecer incluso pesado cuando se introduce en los mundos de la filosofía y convierte en transcendental cualquier tema aparentemente cotidiano, pero si algo me gusta de él es el sabor que queda tras su lectura, como si una pesara un poquito menos y supiera de la vida un poquito más. Es una sensación muy bonita que no deja cualquier lectura, es por ello que accedo a mi recomendación.

Valoración: 9/10

Para terminar, si no recuerdo mal y por si a alguien le interesa, este libro fue llevado al cine en 1987, bajo la dirección de Philip Kaufman y aunque personalmente no he visto la película, creo que no tuvo mala aceptación entre su público.

 

El Diario de Ana Frank

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Qué puedo comentar yo de este diario desde el cómodo sillón de mi escritorio, desde mi cómoda vida de primer mundo en esta nueva era de la globalización. Supongo que si algo he aprendido de Ana Frank es que la sabiduría a veces reside en la inocencia, y que ojalá no fuera necesario perderla jamás.

Ana Frank recibió este diario como regalo en su 13º cumpleaños. Desde ese día comienza a escribir en él una historia que jamás imaginó que llegaría a leer tanta gente. Una historia que habla, en definitiva, de la humanidad en su más estricto sentido, desde los ojos de una niña que se vio obligada a crecer y a morir antes de tiempo.

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Durante los dos años que pasó escondida en el refugio de la casa de atrás, Kitty (su diario) fue su mejor amiga. A Kitty le contaba sus problemas con el resto de habitantes del escondite (la pobre Ana era una adolescente incomprendida -como lo hemos sido cualquiera de nosotros), discutía especialmente con su madre, adoraba e idolatraba a su padre, estudiaba, era una ávida lectora y cuestionaba el mundo en general por encima de todas las cosas. A Kitty también le contaba que tenía miedo, que en la casa de atrás siempre debía reinar el silencio, que las condiciones no eran las mejores, que compartir habitación con un desconocido era un suplicio y que por fin había aprendido a callarse lo que pensaba en muchas ocasiones.

Ana confiesa que quería ser escritora o periodista y redactar algún día una novela basada en su diario.

Cuánto le hubiera regalado al mundo esta pequeña si la hubieran dejado vivir.

Puso, sin saberlo, en manos de Kitty sus memorias y la mecha para encender las conciencias de millones de personas. Entre ellas, la mía.

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Supongo que esto ya lo sabéis pero, por si acaso, os sitúo: Ana Frank es una niña judía que abandona su cómoda vida y su Alemania natal junto a su familia cuando las cosas empiezan a ponerse feas por culpa de la crisis, de Hitler y de la expansión de un incipiente odio antisemita.

Otto Frank y Edith deciden poner rumbo Amsterdam con sus hijas (Ana y Margot), allí monta una empresa y encuentran una vivienda modesta pero acogedora, en la plaza Merwedeplein.

Edith se encarga de las labores del hogar, mientras que las niñas van al colegio y su marido trabaja en la fábrica. Una familia cualquiera de mediados del siglo pasado que continúa con sus vidas hasta que la amenaza de la Segunda Guerra Mundial comienza a sombrear toda Europa. Tras los inútiles intentos de Otto de trasladar a su familia a un lugar más seguro como Estados Unidos o Inglaterra, el 1 de septiembre del 39 Alemania invade Polonia dando comienzo a la guerra.

Tan sólo unos meses después, en mayo de 1940, los alemanes invaden Holanda, ocupándola apenas cinco días más tarde. Comienzan las medidas antijudías. Ana Frank lo explica en su diario: “los judíos deben llevar una estrella de David, deben entregar sus bicicletas, no les está permitido viajar en tranvía, no les está permitido viajar en coche, tampoco en coches particulares, los judíos sólo pueden hacer la compra desde las tres hasta las cinco de la tarde, sólo pueden ir a una peluquería judía, no pueden salir a la calle desde las ocho de la noche hasta las seis de la madrugada, no les está permitida la entrada en los teatros, cines y otros lugares de esparcimiento público, no les está permitida la entrada en las piscinas ni en las pistas de tenis, de hockey ni de ningún otro deporte, no les está permitido practicar remo, no les está permitido practicar ningún tipo de deporte en público, no les está permitido estar sentados en sus jardines después de las ocho de la noche, tampoco en los jardines de sus amigos, los judíos no pueden entrar en casa de cristianos, tienen que ir a colegios judíos, y otras cosas por el estilo”.

Otto pierde su fábrica.

Es entonces cuando los primogénitos de Ana deciden trasladarse a un refugio, una casa secreta en la que encontrarse a salvo de todas estas medidas que iban en aumento y de lo que aún estaba por llegar. Comienzan a llevar sus cosas poco a poco, con discreción a “la casa de atrás” del edificio donde funcionaba su fábrica con ayuda de Hermann van Pels (un empleado judío) y de Johannes Kleiman y Víctor Kugler.

Una citación para Margot para presentarse en un campo de trabajo en Alemania adelanta unos días el traslado al nuevo hogar de los Frank. Al que una semana después se añaden los tres miembros de la familia Van Pels y unos meses más tarde el dentista Fritz Pfeffer.

Los ocho judíos estarán escondidos en la casa de atrás durante algo más de dos años. Hasta que nosesabequédesgraciado les delata y el 4 de agosto de 1944 son todos arrestados y deportados a Auschwitz.

Ana y Margot mueren infectadas de tifus apenas unas semanas antes de que el campo de concentración fuese por fin liberado. Ana tenía 16 años y Margot 19. Otto Frank es el único de los integrantes de la casa de atrás que sobrevive a la guerra. Dedicó el resto de sus días a que el mundo entero conociera el diario de su hija.

Si todavía no lo has leído, no sé a qué estás esperando.

 

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(Imágenes de Ana Frank extraídas de: http://www.zocalo.com.mx/seccion/articulo/la-verdad-detras-del-diario-de-ana-frank-1402617654 y http://culturacolectiva.com/ana-frank-no-escribio-su-diario-sola/)

Valoración: 7,5/10