Cambio mis tacones por las ruedas de un tractor

Paseando entre los estantes de libros de una tienda de un centro comercial cualquiera di con este título y no supe quedar indiferente. Quizás porque yo también cambiaría mis tacones, o quizás porque ya los cambie, o quizás simplemente porque es un título llamativo donde los haya.

Y lo cierto es que no soy muy dada a este tipo de novelas romanticonas de primer grado, pero… No sé.

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El caso es que me hice con él.

Y, una vez con el libro entre las manos, comprobé que se trataba de una historia autobiográfica; que su escritora, Ree Drummond, era una conocida bloguera de cocina admirada por su autocrítica y su humor, que un buen día decidió escribir un libro en el que contar la historia de cómo conoció al amor de su vida.

Ree explica en el prólogo que la idea surgió hace algunos años, tomando notas sin mucho sentido de aquellos días en los que conoció a su marido. Sin embargo, habiendo llegado apenas a la mitad del primer capítulo, guardó todos sus apuntes en un cajón. Fue un tiempo después, cuando en un ataque de repentina creatividad decidió retomarlo e ir publicándolo en su blog por episodios. Conforme fue viendo el éxito que la historia iba tomando entre sus seguidores, continuó con ella hasta determinar la publicación de todo aquello en un libro.

Y bien, la historia es sencilla y de lectura rápida: Ree Drummond vuelve temporalmente a su pueblo natal después de la universidad, allí conoce de forma completamente casual al que ella llama el hombre Marlboro, en la barra de un bar: un vaquero de los de verdad, con sombrero y botas de tacón alto para afirmarse en los estribos. Entonces ocurre lo que popularmente se conoce como un flechazo.

Por aquel entonces, Ree mantenía una relación vacía pero estable con un joven de California. De pronto, se da cuenta de que no quiere volver a verle y decide apostar todo a una sola carta por su vaquero. El misterioso hombre Marlboro vive en un rancho familiar a sólo una hora de la casa de sus padres, sus vidas no podían ser más diferentes. Y todo su esquema configurado de planes de futuro en Chicago se veía reducido a una nueva y desconocida improvisación: ahora debía aprender a ser una vaquera.

“Durante esos días conocí a un vaquero que llevaba Wranglers y cuyos ojos, azules como el hielo, me hicieron perder el mundo de vista. Sin poder resistirme, cancelé la mudanza a Chicago, me casé con el vaquero, tuvimos hijos y me encontré persiguiendo vacas por el porche de mi casa, perdida en mitad de la nada”.

Qué puedo comentar de esta historia, obviamente no es la novela de mi vida ni se acerca a una de las mejores, pero es realmente entretenida y se lee rápido. El relato es cuanto menos curioso y le despierta el carácter romántico a cualquiera. Perfecta para un viaje largo o un domingo por la tarde, y para amenizar cualquier tipo de espera.

 

“No sé cuánto tiempo estuvimos allí, dándonos nuestro primer beso. Lo que sí sé es que cuando el beso terminó, se llevó por delante mi vida tal como la había conocido hasta entonces.

Pero yo aún no lo sabía”.

“Y, por primera vez en mi vida, a pesar de mis creencias sobre el feminismo, la independencia y la autonomía emocional sabía que estaría incompleta sin él.

Ése sí que fue un momento aterrador”.

 

Y yo, como soy una ñoña empedernida y para no perder las buenas costumbres, he subrayado los párrafos bonitos, que domingos tontos tenemos todos…

Valoración: 6/10
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