El Diario de Ana Frank

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Qué puedo comentar yo de este diario desde el cómodo sillón de mi escritorio, desde mi cómoda vida de primer mundo en esta nueva era de la globalización. Supongo que si algo he aprendido de Ana Frank es que la sabiduría a veces reside en la inocencia, y que ojalá no fuera necesario perderla jamás.

Ana Frank recibió este diario como regalo en su 13º cumpleaños. Desde ese día comienza a escribir en él una historia que jamás imaginó que llegaría a leer tanta gente. Una historia que habla, en definitiva, de la humanidad en su más estricto sentido, desde los ojos de una niña que se vio obligada a crecer y a morir antes de tiempo.

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Durante los dos años que pasó escondida en el refugio de la casa de atrás, Kitty (su diario) fue su mejor amiga. A Kitty le contaba sus problemas con el resto de habitantes del escondite (la pobre Ana era una adolescente incomprendida -como lo hemos sido cualquiera de nosotros), discutía especialmente con su madre, adoraba e idolatraba a su padre, estudiaba, era una ávida lectora y cuestionaba el mundo en general por encima de todas las cosas. A Kitty también le contaba que tenía miedo, que en la casa de atrás siempre debía reinar el silencio, que las condiciones no eran las mejores, que compartir habitación con un desconocido era un suplicio y que por fin había aprendido a callarse lo que pensaba en muchas ocasiones.

Ana confiesa que quería ser escritora o periodista y redactar algún día una novela basada en su diario.

Cuánto le hubiera regalado al mundo esta pequeña si la hubieran dejado vivir.

Puso, sin saberlo, en manos de Kitty sus memorias y la mecha para encender las conciencias de millones de personas. Entre ellas, la mía.

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Supongo que esto ya lo sabéis pero, por si acaso, os sitúo: Ana Frank es una niña judía que abandona su cómoda vida y su Alemania natal junto a su familia cuando las cosas empiezan a ponerse feas por culpa de la crisis, de Hitler y de la expansión de un incipiente odio antisemita.

Otto Frank y Edith deciden poner rumbo Amsterdam con sus hijas (Ana y Margot), allí monta una empresa y encuentran una vivienda modesta pero acogedora, en la plaza Merwedeplein.

Edith se encarga de las labores del hogar, mientras que las niñas van al colegio y su marido trabaja en la fábrica. Una familia cualquiera de mediados del siglo pasado que continúa con sus vidas hasta que la amenaza de la Segunda Guerra Mundial comienza a sombrear toda Europa. Tras los inútiles intentos de Otto de trasladar a su familia a un lugar más seguro como Estados Unidos o Inglaterra, el 1 de septiembre del 39 Alemania invade Polonia dando comienzo a la guerra.

Tan sólo unos meses después, en mayo de 1940, los alemanes invaden Holanda, ocupándola apenas cinco días más tarde. Comienzan las medidas antijudías. Ana Frank lo explica en su diario: “los judíos deben llevar una estrella de David, deben entregar sus bicicletas, no les está permitido viajar en tranvía, no les está permitido viajar en coche, tampoco en coches particulares, los judíos sólo pueden hacer la compra desde las tres hasta las cinco de la tarde, sólo pueden ir a una peluquería judía, no pueden salir a la calle desde las ocho de la noche hasta las seis de la madrugada, no les está permitida la entrada en los teatros, cines y otros lugares de esparcimiento público, no les está permitida la entrada en las piscinas ni en las pistas de tenis, de hockey ni de ningún otro deporte, no les está permitido practicar remo, no les está permitido practicar ningún tipo de deporte en público, no les está permitido estar sentados en sus jardines después de las ocho de la noche, tampoco en los jardines de sus amigos, los judíos no pueden entrar en casa de cristianos, tienen que ir a colegios judíos, y otras cosas por el estilo”.

Otto pierde su fábrica.

Es entonces cuando los primogénitos de Ana deciden trasladarse a un refugio, una casa secreta en la que encontrarse a salvo de todas estas medidas que iban en aumento y de lo que aún estaba por llegar. Comienzan a llevar sus cosas poco a poco, con discreción a “la casa de atrás” del edificio donde funcionaba su fábrica con ayuda de Hermann van Pels (un empleado judío) y de Johannes Kleiman y Víctor Kugler.

Una citación para Margot para presentarse en un campo de trabajo en Alemania adelanta unos días el traslado al nuevo hogar de los Frank. Al que una semana después se añaden los tres miembros de la familia Van Pels y unos meses más tarde el dentista Fritz Pfeffer.

Los ocho judíos estarán escondidos en la casa de atrás durante algo más de dos años. Hasta que nosesabequédesgraciado les delata y el 4 de agosto de 1944 son todos arrestados y deportados a Auschwitz.

Ana y Margot mueren infectadas de tifus apenas unas semanas antes de que el campo de concentración fuese por fin liberado. Ana tenía 16 años y Margot 19. Otto Frank es el único de los integrantes de la casa de atrás que sobrevive a la guerra. Dedicó el resto de sus días a que el mundo entero conociera el diario de su hija.

Si todavía no lo has leído, no sé a qué estás esperando.

 

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(Imágenes de Ana Frank extraídas de: http://www.zocalo.com.mx/seccion/articulo/la-verdad-detras-del-diario-de-ana-frank-1402617654 y http://culturacolectiva.com/ana-frank-no-escribio-su-diario-sola/)

Valoración: 7,5/10

					
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